Oro en la pista, oro en la vida
Cesar “Pipo” Troncoso
regresó del mundial de Lyon con 3 nuevas medallas
Oro en la pista, oro en la vida
De recolector de residuos a la selección nacional. El atleta master de
48 años es un referente de la ciudad de Viedma , con su sencillez y humildad supo
ganarse el corazón de la gente.
Las nubes no permiten ver el
cielo esta mañana. Siempre, en Viedma, el viento frío y la lluvia están
amenazantes, al asecho. La casa de Cesar Troncoso no está tan cerca, ni tan
lejos. Un barrio como cualquier otro, con sus pozos, sus cables y sus perros. Al
llegar no hace falta golpear las manos, nuestro anfitrión nos espera junto a la
ventana y de una seña nos indica que nos ha visto llegar.
No nos conocíamos personalmente,
pero “Pipo”, nos recibe con una sonrisa y la calidez de un amigo. Reluce en su cuello
el resplandor de una cruz, y mientras tomo un lugar junto a su mesa, aprovecha
para cambiar la cebadura del mate. “Hace días que no estoy en casa y estoy
aprovechando”. Ha corrido cuarenta y ocho kilómetros en el mundial de Lyon, en
4 pruebas diferentes y, “allá no hay mate”.
Su relación con los vecinos de la
ciudad no es como cualquier otra. Su carrera deportiva se forjó en el
transcurso de una vida basada en la resiliencia; y la ciudadanía lo toma como un ejemplo.
El exilio lo marcó a los 6 años,
su familia llegó a Bahía Blanca proveniente de Chile, escapando del régimen
militar. “Yo aprendí a fuerza de discriminación y necesidades”, cuenta en un
tono pausado y melancólico. A los veinte llegó a la capital rionegrina con la
esperanza de ser un deportista. La vida le había negado, hasta ese momento, el
estudio y el dinero.
Es un hombre de fe,
no faltan las muestras de ello en los rincones de su casa. De contextura
pequeña, flaquito pero fuertón, como se describe; su rostro deja ver el surco
abierto que dejan las lágrimas.
Mientras trabajaba de basurero y limpiaba vidrios, clasificó
“sin querer” a un sudamericano en Brasil. Fue de suplente, e ingresó a la pista por la lesión de un compañero mientras estaban precalentando. “El técnico
de la selección me dijo que haga lo que pueda, que no tenía chances. Salí
segundo y estaban todos como locos”.
Hoy trabaja para la provincia de
Río Negro y le prometió a la gente del paraje Treneta (en el interior de la
provincia de Río Negro, al pie de la meseta de Somuncurá) que les iba a traer
una medalla de oro para ellos, “son veintisiete habitantes”, comenta. Trajo dos
de oro y una de plata, que se suman a las casi veinte que posee en torneos
mundialistas. Estos detalles explican un poco el porqué de las recepciones en
el aeropuerto a cada regreso, con camión de bomberos incluido.
“Las oportunidades siempre están,
por pequeñas que sean no hay que dejarlas escapar”, me dice. Es querido en el
ambiente del atletismo y reconocido por su gente, ahí encuentra la felicidad. “Las
pequeñas cosas nos hacen grandes, y las grandes… “.
“Me voy a tomar una semana de
descanso y empiezo a entrenar para el sudamericano de Brasil, en noviembre”. Ya pasaron varios mates
con la charla, y no es un hombre de escatimar “por favores” y “gracias”. Nos
despedimos con un “hasta pronto” entremezclado en un abrazo. “Parece que va a
llover”, comenta, “aquí siempre parece que va a llover”.

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