Abrazando el Pasado


Ciento trece años transcurrieron desde que el Paraje Confluencia se transformó en la Capital de nuestra Provincia y el gobierno se digna en llamarla “el motor de la Patagonia”.
Es curioso que este “motor” funcione cuando le falta un engranaje tan importante como lo es la
conectividad eficiente. Allá por 1904 el ferrocarril era sinónimo de prosperidad y la causa inicial del desarrollo en cada punto del país. Hoy, no solo no se han desarrollado medios alternativos suficientes, sino, que seguimos pregonando por el mismo medio de transporte que impulsó la revolución industrial y que hemos desmantelado.

Con el apoyo de la gran mayoría de la comunidad varias instituciones, ONG y funcionarios al paso organizaron el abrazo al Tren del Valle en las localidades que en algún momento florecieron a su vera; desde Senillosa hasta Gral. Roca.
Es paradójico que el mundo que sembró sus bases sobre rieles y locomotoras hoy por hoy no exista, a tal punto, que las manifestaciones por su regreso se organizan en redes sociales por personas que jamás se trasladaron en un tren patagónico. Estamos abrazando el pasado, y por supuesto que lo apoyamos, pero es una muestra del subdesarrollo que supimos cosechar.
El motivo de este cariñoso reclamo es la política empresarial nacional que pretende eliminar el servicio interurbano por no resultar rentable. Como si lo pudiera ser con solo diez frecuencias diarias, que además tardan 25 min en recorrer los extensos 6 km de distancia entre las estaciones de Neuquén y Cipolletti (que son las únicas), a una velocidad ridícula y con el infortunio que las locomotoras “nuevas” se la pasan más en el taller que en funcionamiento.
Si no se brinda un servicio de calidad entre Chicinales y Senillosa, conectado a la red federal para realizar el transporte de cargas, con óptima maquinaria y un servicio de estaciones interconectado con las ciclovías y los estacionamientos accesibles de cada una de las terminales siempre tendremos un tren deficitario.

Que se aborde el desafío, no el facilismo. Porque el estado no es una empresa y desde los 90’ el Tren del Valle reside en añoranzas; en nuestros sueños que siguen siendo en blanco y negro.

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