TODO SEA POR UN ABRAZO

Los neuquinos estamos acostumbrados a cruzar las vías sin siquiera mirar por encima del hombro. Los lingotes de hierro oxidado y las maderas huérfanas forjan sin sentido el paisaje. Los talleres son museos y las estaciones salas de exposiciones que ostentan finas pinceladas donde hace tiempo regía el frío arte ferroviario.
El Tren del Valle ha regresado, aunque con una frugal tibieza que verlo pasar sigue siendo algo novedoso para todos. Me dirijo a la estación. Un lugar por el que he transitado miles de veces pero nunca por su causa eficiente, la de ser una estación de tren. Al entrar  imagino la vida que albergaban estas paredes. Imagino al empleado que vendía los boletos, a los comerciantes negociando las mercancías, a los viajeros. Han hecho un gran trabajo manteniendo la estética del lugar, se ve tal cual hace 60 años. ¡Ha, es que en verdad no han cambiado nada!
Ocho y cuarto, el maquinista ha llegado a horario; eso sí parece ser nuevo. La gente es ordenada y respetuosa. En ese momento me pregunto si también lo sería si en vez de una locomotora fuera un colectivo urbano. Pago mi boleto electrónico y me dirijo al segundo y último vagón. El asiento es verdaderamente cómodo y los pasajeros solo ocupamos la mitad de ellos, los otros sesenta dan a entender la inutilidad del servicio. Seis mil metros y veinticinco minutos me separan de Cipolletti.
El tranco es lento y parejo. Es una sensación muy placentera. Hay cierta paz que no se encuentra en otro lugar, será por eso que los trenes viven rodeados de la nostalgia, de los amores y las despedidas.
Nos acercamos a cruzar el río Neuquén. Ese viejo puente lo he observado desde mi infancia y por fin hoy, con 29 años, lo cruzaré por primera vez. No les voy a mentir, tuve un poquito de miedo, pero a pesar del resonar de los hierros sobreviví.

 Llegamos a destino. Al bajar inmediatamente siento algo especial por este tren. Uno cuando viaja en avión o en colectivo no se encariña con el fierrerío ¡Pero acá sí! Porque el tren es siempre el mismo, no te puede tocar cualquiera, y debe ser por eso que se genera un vínculo amoroso. Claro, ahora los entiendo a todas las personas que me han convocado en esta estación para defender al Tren del Valle con un abrazo simbólico. Este es el motivo de mi viaje y no quería comenzar a defender la causa por medio de la hipocresía. 

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